Rige por ley la prohibición de usar celulares en las escuelas primarias de provincia de Buenos Aires. “Aquello que se prohíbe es aquello de lo que no se habla”, dice Santiago Stura, coordinador de Comunicación de Faro digital.
El debate sobre el impacto de la tecnología en la educación cobró un nuevo impulso en la provincia de Buenos Aires tras la puesta en práctica de una ley que prohíbe el uso de celulares en las aulas de las escuelas primarias.
En este sentido Santiago Stura, coordinador de Comunicación de Faro digital habló con Radio Sudamericana y expresó “aquello que se prohíbe es aquello de lo que no se habla”.
“Estamos en una época donde lo virtual es real, donde la dinámica de nuestros días implican actividades presenciales y virtuales y eso obviamente traer nuevos desafíos para las infancias, adolescencias y el mundo adulto”, indicó.
Asimismo el especialista dijo “no nos parece mal pensar en la regulación, establecemos una diferencia con el concepto de prohibición. Esos momentos de desconexión tienen que ser momentos en los que se pueda hablar de lo que sucede en los dispositivos y las pantallas”
“No nos gusta el concepto de prohibición porque por lo general lo que está prohibido no se habla y nosotros necesitamos que hay momentos de no pantallas pero que en las escuelas se pueda hablar de lo que pasa en las pantallas, que sea parte de la curricula como desafío como objeto de estudio. Hay un montón de preguntas que la escuela tiene que ser el ámbito para charlar”, aseguró.
“Como adultos debemos volver a poder proponer consensos o regulaciones, cuidados, en relación a qué da cada pantalla, a qué da cada contenido y a qué da cada plataforma”. La autoridad cognitiva en torno a lo digital se recupera entendiendo de qué están hablando las nuevas generaciones: “para construir eso se debe conocer, nosotros planteamos que no se puede cuidar lo que no se conoce, no se puede regular lo que no se conoce, no se puede establecer parámetros de consenso y de cuidado sobre lo que no se conoce, y ese conocimiento necesariamente implica una conversación intergeneracional entre el mundo adulto y el mundo de las adolescencias y de las infancias, respecto a qué nos pasa cuando estamos en pantalla”, afirmó.
